YA ACABÓ YA / Arcadio
Fueron siete años y
cacho. Dos como voluntario, sobornado por el afecto y la admiración que le guardo
a Rodrigo ramón Aquino, a la sazón editor de la sección cultural del diario
Noticias (voz e imagen de Chiapas). Cinco años y algo más ya arropado por la
nómina. Puesto que todo lo que empieza acaba, aunque no acabe como empezó, mi
enésima aventura colgó los caites. Intempestivamente me dieron aire por la popa
para ayudarme a salir ligero.
Privados del menú
oficial, cuando los diarios impresos padecen inanición, lo primero que adelgaza
es la nómina. Lo entiendo. A la hora de podar los contenidos, la cultura es el
primer objetivo de las tijeras. Es ramazón que estorba el ingreso de la luz. Es
vaca que muge y rumia pero no da leche. Lo entiendo. En el plato empobrecido de
un periódico, la política y la nota roja son las postreras rodajas de pan que
aseguran la sobrevivencia. La estiran, al menos. Lo entiendo.
Puestos los
editores en el papel de forzados verdugos, obligados a elegir entre los obuses
promisorios de los jóvenes y los cartuchos quemados de los viejos, optan por
los primeros. Lo entiendo. Yo haría lo mismo.
Dejé en mi paso por
el querido diario mil 500 tiras de monigotes, algunos centenares de
ilustraciones, casi un millar de Escarabártulos, la página a mi cargo. (Lo mucho no
siempre va aparejado con lo bueno, lo sé, pero uno y otro implican trabajo).
Tuve un jefe sin tachas de calidad, inteligente, humano, entrañable. Hice
amigos. Daños colaterales cuando se expresa la propia opinión sin limaduras,
también enemigos.
Salmón de charca,
el súbito despido me caló hasta los huesos, me descamó, debo aceptar. Luego, la
marea me arrastró hasta las playas vivificadoras de Lulú. Me volvió a invitar
de sus palabras sabias servidas en la boca, volvió a compartir conmigo el maná
recién horneado de su regazo. Me volvió a vestir con sus manos lisas de
sentencias y reproches. “Sos mi infecunda isla, vejete. Soy tu mar. Te voy a
rodear siempre”, dijo. Y me puso al trote.
POSDATA
Extrañaré a Lucy,
mi radar (a cada rato se me iba el avión), mi jefa Porfita (“Envíeme su
colaboración, porfita”, “Hágalo antes de las cinco, porfita”), a Dulce,
encargada de hacernos tragar las píldoras amargas (“aún no hemos depositado. No
hay dinero”), a Ciro, activo, discreto, eficiente (nuestra relación fue respetuosa,
telefónica siempre)