martes, 17 de julio de 2018
0078 ALEJANDRO MOLINARI
ALEJANDRO MOLINARI ES UN HIJO DE LA CHI…CHARRA
Hay hormigas
cruzadas con chicharra. Son, en realidad, cigarras pringadas de hormiga. En
ellas domina, más que la laboriosa genética, la genética cantadora, bailadora,
urdidora de ocios hipnóticos. Nada hacen productivo, pero dejan de hacerlo con
gracia insólita, inaudita; con una vaporosa alegría capaz de empapar de envidia
a las cascadas Velo de novia, Las nubes, Agua azul. En casos extremos, Niágara
e Iguazú.
Hay hormigas
cruzadas con chicharra. Son como rayos luminosos salpicados de sombra. Cantan
poco, casi nada, y se construyen a sí mismas, grano a grano, a lo largo de su
dilatada o breve existencia, acarreando hojitas, palitos y piedritas para levantar –hágame
usted el chingado favor- ambiciones
ajenas, optimismos ajenos, sentimientos ajenos, sueños, gratitudes y casas
ajenas.
A este tipo de
hormigas silenciosas, reverberaciones de la quietud, imparables, incansables,
pertenece Alejandro Molinari, capaz de propinarnos un verso, escribirnos un
guiño o pintarnos un violín cuando el silencio nos dobla. Nos pesa. Nos pasa.
¡Muchos hijos tuyos
como éstos te deseamos, querida patria chica.
0077 ¡AH, QUÉ TIEMPOS!
BOCACALLE 107
Arcadio Acevedo
¡AH, QUÉ TIEMPOS!
En 1974, año de mi feliz
arribo a Chiapas (bueno, pues, feliz para mí, verdes), destartalaba el país
Luis Echeverría. En el inicio de su sexenio, la gasolina nova (hoy magna)
costaba 1.40 pesos. Al término, había incrementado su precio a 2.10 pesos.
CHOROTERAPIA DIGITAL
Si Estados Unidos
viera lo que está haciendo Estados Unidos, Estados Unidos invadiría Estados
Unidos.
PREGUNTONTA
Parafraseando a
Gabriel Zaid: ¿cuántos buenos periodistas debe haber en un estado para premiar
cincuenta al año?
A LA RORRO NIÑO
La buena cuna ni es azul ni está arropada con
linos y sedas. La buena cuna no es de fierro ni de maderas preciosas. La buena
cuna está tejida con juncos, con hilos de humanidad, urdidos para sobrevivir a
las pataletas de la existencia.
La cuna buena huele
a leche materna. Huele a pan amasado con sudor. A orines proletarios. La buena
cuna es tan acogedora y entrañable que también a los hombres y mujeres amigos
de Dios les sirve de mullida tumba al morir.
La buena cuna se
mece al amparo del padre y de la madre, arrullada con nanas de buenos
principios (y mejores finales). Este pergeñador de libelos nació en buena cuna.
Pero en el trayecto de la cuna a la tumba se distrajo. Dejó camino por vereda.
Las sirenas cantaron y apagaron la voz de sus pájaros interiores. Ni pío.
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