martes, 17 de julio de 2018

0078 ALEJANDRO MOLINARI


ALEJANDRO MOLINARI ES UN HIJO DE LA CHI…CHARRA
Hay hormigas cruzadas con chicharra. Son, en realidad, cigarras pringadas de hormiga. En ellas domina, más que la laboriosa genética, la genética cantadora, bailadora, urdidora de ocios hipnóticos. Nada hacen productivo, pero dejan de hacerlo con gracia insólita, inaudita; con una vaporosa alegría capaz de empapar de envidia a las cascadas Velo de novia, Las nubes, Agua azul. En casos extremos, Niágara e Iguazú.

Hay hormigas cruzadas con chicharra. Son como rayos luminosos salpicados de sombra. Cantan poco, casi nada, y se construyen a sí mismas, grano a grano, a lo largo de su dilatada o breve existencia, acarreando hojitas,  palitos y piedritas para levantar –hágame usted el chingado favor-  ambiciones ajenas, optimismos ajenos, sentimientos ajenos, sueños, gratitudes y casas ajenas. 

A este tipo de hormigas silenciosas, reverberaciones de la quietud, imparables, incansables, pertenece Alejandro Molinari, capaz de propinarnos un verso, escribirnos un guiño o pintarnos un violín cuando el silencio nos dobla. Nos pesa. Nos pasa.

¡Muchos hijos tuyos como éstos te deseamos, querida patria chica.

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