BOCACALLE
Arcadio Acevedo
EXPLICACIÓN SÍ PEDIDA
Enfundado en el
papel de profundo chilósofo proletario (expresión acuñada por Edgar
Constantino), descubriré la fealdad de los sapos y su incapacidad para entonar
arias operísticas: en términos generales, los chiapanecos no somos afectos a
las discusiones. Convertimos el acto de defender una opinión opuesta a otra en
el diálogo con una o más personas en sinónimo de pleito y/o enemistad.
Viene a cuento,
porque un día después de haber publicado mi punto de vista contrario al
expresado por Juan Carlos Cal y Mayor, referente a la salud mental de AMLO, a
sus incongruencias y a su renuencia a aceptar los veredictos cuando no le
favorecen, un par de amigos me dieron la bienvenida al convivio con la
inoportuna mas no inesperada pregunta: ¿Qué te hizo, por qué te peleaste con
Juan Carlos?
Respondí con la verdad
que ahora refriteo (la palabra no existe en el diccionario pero suena bien
culinaria): Lo conozco hace muchos años. No somos amigos de piquete de ingle.
Nos respetamos. Se ha gastado conmigo cortesías que aprecio y agradezco. A mi
modo y a mi medida las he correspondido. Es un grato interlocutor. Me cae bien.
Pero… en cuestiones políticas, al parecer, él vive en el ártico y yo en el
antártico. Nadie puede privarnos de este derecho.
ORILLÁNDOME A LA ORILLA
Dado su cargo, y en
función del mismo, Juan Carlos ha suscitado elogios y airadas críticas entre
los practicantes de las bellas artes, alguno de ellos mi íntimo amigo. He
permanecido al margen. Las razonables dudas, y/o mi cabal conocimiento de los temas
me han impedido tomar partido sin riesgo de equivocarme, de ser injusto. (A la
‘equivocación’ deliberada, en mi colonia la llaman mala leche)
Condiciones
diferentes ocurren cuando –premeditadamente, creo- equipara al Peje con el
doctor Jekyll. Cuando priva del contexto los comprensibles berrinches y
pataletas del tabasqueño. Cuando –insisto- Juan Carlos pretende disfrazar de
argumentos sus personales afinidades y antipatías.
RETRATO SIN FOTOSHOP
No me arrejunto con
la primera que me guiña el ojo, aclaro. No existe el ser humano perfecto. Es
más fácil topar con una doncella(o) en el burdel que con un individuo(a)
intachable en el prostíbulo de la política. No lo ignoro. Sé también que (eufemísticamente,
si se quiere) la prostitución es el oficio más antiguo de la humanidad.
Inextinguible. Pero conviene establecer diferencia entra la prostituta(o) que a
cambio de dinero te proporciona placer, y aquella que antes de ‘operar’ te
anestesia, te despluma. Y en un descuido te mata.
¡CHIN!
Se acabó el espacio
y me quedé picado. Si dedicara al trabajo el tiempo que dedico al chisme...

No hay comentarios:
Publicar un comentario