BOCACALLE 57
Arcadio Acevedo
TIRITITITOS
No nos extrañemos.
Los políticos profesionales como los jugadores profesionales de futbol se
enfundan la camiseta del club que mejor les paga. Los partidos, dueños de las
franquicias, contratan a quienes, por su historial, les ofrecen mayores
posibilidades de ganar el campeonato. Las nuevas (para el club) adquisiciones,
sin excepción, prometerán a los fans “sudar la camiseta, dar la vida en la
cancha por ella”. (“Hasta que el equipo tambalee en la tabla de posiciones, fracase
o surja otra propuesta indecorosa”, se guardan de decir)
Políticos y
jugadores, patearon la mística, “ese sentimiento difuso, con un alto grado de
simbolismo, a través del cual un grupo funda su identidad", hace
tiempo. Se mueven por puro amor al
dinero impuro. (“Dinero impuro es el que no está al alcance de nuestras
garras”, opina la Pomponia)
Los fanáticos
–sobre todo las barras bravas- son mera y peligrosa coreografía creada,
azuzada, alelada por los canes mediáticos, prestos a celebrar el triunfo de su
equipo (aun sea amañado) y destrozar el graderío o lesionar a los partidarios
de la escuadra rival si la victoria les vuelve la espalda (aun con toda
legitimidad)
CHOROTERAPIA
Es bueno juntar a
los mejores, es bueno tener objetivos y enfrentar a la competencia con arengas
cargadas de retórica potente. Pero es mejor imponer y mantener la mística. Sólo
eso hará que los procesos tengan alma y no duren un suspiro. (El Clarín)
DIFERENCIAS
Pequeñas, casi
imperceptibles diferencias entre políticos y futbolistas: tomarse un selfie
cualquier día con sus ídolos deportivos es la satisfacción de los fans; tomarse
una foto con los fans es el terrible, obligado sacrificio de los políticos en
campaña.
A los treinta y
cinco años, promedio, el futbolista se retira de las canchas. A la misma edad,
el político empieza a mirar accesibles, cercanos los premios gordos en la punta
de la cucaña (palo encebado). De ahí sólo podrán hacerlo caer abruptamente,
emulando a los cangrejos de la cesta, sus colegas. O, rebasado el límite de
tolerancia, la prole a pedradas.
SÍNDROME DE LOS CANGREJOS
Por si el solititío
y presunto lector lo ignora: Si pones un cangrejo dentro de un cubo el cangrejo
intentará salir de la cesta. Sin embargo, si pones muchos cangrejos dentro de
un cubo ocurrirá algo muy curioso: Ninguno de los cangrejos saldrá, porque si
uno de ellos lo intenta, los demás lo agarrarán y lo llevarán hacia abajo para
evitar que huya del cubo. (en mi pueblo lo llaman “síndrome del pendejo”)

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