martes, 6 de marzo de 2018

0052 TIRITITITOS


BOCACALLE 57
Arcadio Acevedo

TIRITITITOS
No nos extrañemos. Los políticos profesionales como los jugadores profesionales de futbol se enfundan la camiseta del club que mejor les paga. Los partidos, dueños de las franquicias, contratan a quienes, por su historial, les ofrecen mayores posibilidades de ganar el campeonato. Las nuevas (para el club) adquisiciones, sin excepción, prometerán a los fans “sudar la camiseta, dar la vida en la cancha por ella”. (“Hasta que el equipo tambalee en la tabla de posiciones, fracase o surja otra propuesta indecorosa”, se guardan de decir)

Políticos y jugadores, patearon la mística, “ese sentimiento difuso, con un alto grado de simbolismo, a través del cual un grupo funda su identidad", hace tiempo.  Se mueven por puro amor al dinero impuro. (“Dinero impuro es el que no está al alcance de nuestras garras”, opina la Pomponia)

Los fanáticos –sobre todo las barras bravas- son mera y peligrosa coreografía creada, azuzada, alelada por los canes mediáticos, prestos a celebrar el triunfo de su equipo (aun sea amañado) y destrozar el graderío o lesionar a los partidarios de la escuadra rival si la victoria les vuelve la espalda (aun con toda legitimidad)


CHOROTERAPIA
Es bueno juntar a los mejores, es bueno tener objetivos y enfrentar a la competencia con arengas cargadas de retórica potente. Pero es mejor imponer y mantener la mística. Sólo eso hará que los procesos tengan alma y no duren un suspiro. (El Clarín)

DIFERENCIAS
Pequeñas, casi imperceptibles diferencias entre políticos y futbolistas: tomarse un selfie cualquier día con sus ídolos deportivos es la satisfacción de los fans; tomarse una foto con los fans es el terrible, obligado sacrificio de los políticos en campaña.

A los treinta y cinco años, promedio, el futbolista se retira de las canchas. A la misma edad, el político empieza a mirar accesibles, cercanos los premios gordos en la punta de la cucaña (palo encebado). De ahí sólo podrán hacerlo caer abruptamente, emulando a los cangrejos de la cesta, sus colegas. O, rebasado el límite de tolerancia, la prole a pedradas.

SÍNDROME DE LOS CANGREJOS
Por si el solititío y presunto lector lo ignora: Si pones un cangrejo dentro de un cubo el cangrejo intentará salir de la cesta. Sin embargo, si pones muchos cangrejos dentro de un cubo ocurrirá algo muy curioso: Ninguno de los cangrejos saldrá, porque si uno de ellos lo intenta, los demás lo agarrarán y lo llevarán hacia abajo para evitar que huya del cubo. (en mi pueblo lo llaman “síndrome del pendejo”)





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