BOCACALLE 71
Arcadio Acevedo
LAS INOLVIDABLES
Palabras: Hemos
puesto al ciudadano en el centro de
los esfuerzos de la política de seguridad y de justicia que prioriza la
reducción de la violencia: Enrique Peña.
Hechos: México
atraviesa el momento más sangriento de su historia. La cifra acumulada de
asesinatos durante 2017, (70 muertes al día), supera a los peores años de la
guerra contra el narco.
POPULISMO
El término está más
manoseado que los pasamanos de un puente peatonal. Todo mundo lo usamos para
calificar fenómenos o personas que interfieren con nuestros intereses, no
empatan con nuestra manera de pensar o
simplemente nos caen gordos.
El PRI y el PAN han
convertido la palabra en sinónimo de antidemocracia.
Lo han empleado para asustar con el petate del muerto a quienes se resisten a
entrar al redil, para calificar a quienes ponen en riesgo su permanencia en el
poder.
Hay, pues,
populistas de izquierda, de derecha. Y si hubiera un justo medio, también allí
los habría
DEFINICIÓN
Si mi www.memoria.com
no me falla: en el ámbito de la polaca, se dice que un gobierno o un partido
son populistas cuando su estrategia política se basa en propuestas que resultan
atractivas para el pueblo, pero tienen un componente manipulador y demagógico.
Visto desde este
ángulo, son populistas todos los partidos políticos y todos los candidatos que
de ellos brotan. Y los que no, también. (No olvidar al trío de tramposos
‘independientes’). En caso contrario,
las probabilidades de acceder y/o preservar un elevado cargo de representación
popular son nulas.
En resumen, un
político inmune al populismo demagógico es como una amorphophallus titanium sin aroma. (Básicamente, el amorphophallus
es una flor enorme de cinco pétalos que huele a carne podrida). Lo demás es lo
de menos.
ECHAR MONTÓN
Entrevistado por
The Washington Post, semanas atrás, Vicente Fox confesó los principios
ideológicos que lo llevaron a la política: dinero y poder. (Detalle bien pinchemente
obvio, caballero).
Y ya rebotando de sincero, aceptó haber sido
populista durante su campaña por la presidencia, en 2000. “Cuando uno hace campaña, hace promesas de
más, hace ofertas de más. Pero cuando uno llega ahí, uno se olvida de esto, del
juego de competencia para buscar votos. Ahora uno es Presidente”.
“El voto del cambio”
fue su slogan. Cuando lo bajaron de la silla, el bato con botas se había llevado hasta el cambio.
QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN…
En palabras de
Jorge Zepeda, lo que estamos presenciando ahora es “la madre de todas las
batallas: la campaña negativa contra el verdadero opositor, la satanización de
López Obrador hasta convertirlo en pluma de vomitar del ciudadano medio”.

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